Los americanos bloquean a Manzanillo.
A la Bahía de Manzanillo, al sureste de la isla, la protegen naturalmente una franja de cayos de diferentes tamaños, con un fondo irregular y corrientes impredecibles, que se extiende desde Tunas de Zaza hasta Cabo Cruz. Por entre los cayos hay canales que franquean el paso con dificultad. Sin la presencia de estos cayos nadie le llamaría Bahía al Golfo de Guacanayabo.
En la Guerra Hispano-americana las provisiones y la comida necesaria para las tropas españolas que llegaban normalmente por la costa norte de Cuba desde Europa, después del bloqueo americano, había que buscarlas en buques pequeños y de poco calado desde México y Centroamérica. Esto lo entendió el presidente Mc Kinley y tomó la medida de bloquear el sur de Cuba también, desde Cabo Francés a Cabo Cruz, el día 28 de Junio de 1898. Lugares de importancia todavía bajo control español eran Batabanó, Cienfuegos, Casilda, Tunas de Zaza, Júcaro, Santa Cruz del Sur y Manzanillo. Los más importantes desde el punto de vista militar eran Cienfuegos y Manzanillo y como Cienfuegos se conectaba con La Habana por ferrocarril la comunicación desde Manzanillo por mar era cuestión de vida o muerte para España. A lo largo de la costa, espaciadas a unos cuantos kilómetros, principalmente en las desembocaduras de los ríos, las autoridades militares españolas habían erigido fortificaciones de adobe de sección circular y cuadrada,como las de las trochas, coronadas con una caseta de observación y guarnecidas por veinte o treinta soldados, con el objetivo original de evitar las expediciones armadas para los mambises. También eran usadas para estaciones de heliógrafo.
Manzanillo se convirtió en cuartel general; un puerto de distribución este-oeste.
El bloqueo sobre la isla estaba siendo burlado constantemente por el sur hacía mucho tiempo. El buque español más destacado transportando armas, medicinas y provisiones era la pesadilla de la flota americana: El Purísima Concepción, botado el 28 de Julio de 1894 a las 9:40 AM. Con capacidad para cien pasajeros de primera clase, 244 pies de eslora, 35 de manga, 22 de puntal, 1300 toneladas de registro bruto, dos hélices, 1200 caballos y doce nudos de marcha. Transportaba carga y pasajeros entre Batabanó, Cienfuegos, Trinidad, Manzanillo y Santiago y algunos puertos intermedios de menor importancia.
El Purísima Concepción fondeaba en Batabanó la tarde del 21 de Abril de 1898, donde recibiría instrucciones del Capitán General: romper el bloqueo y llegar a puerto neutral y conseguir víveres para el ejército. Para eso serviría el buen crédito del armador y ayudaría el hecho de tener representación consular española. Al caer la noche salió con las luces apagadas, rumbo al Canal del Rosario, para hacer escala al día siguiente en las islas Caimán, desde donde trazó la estrategia para llegar a Jamaica haciendo maniobras de engaño a sus perseguidores. Así, furtivamente, entró a la rada de Montego Bay aquel hermoso buque sin insignias, asombrando a los que sabían de la vigilancia de las costas cubanas. Allí se enteró su capitán Fernando Gutiérrez Cueto de la captura del Argonauta con pertrecho, tropa y correo por el Nashville y se prometió a sí mismo hundir al Purísima Concepción ante tal eventualidad. A pesar de que el impredecible Contralmirante William Sampson ya había sido advertido de su presencia en aguas inglesas.
De Montego Bay, tras izar bandera mercante inglesa, llegó a Kingston, creando gran alboroto y empeorando su situación. No sólo el Purísima fondeaba mientras su capitán gestionaba las provisiones; también lo hacía el crucero auxiliar americano Saint Louis que vigilaba de cerca las veinticuatro horas. La fuga fue preparada con previsión; un horno ardía todo el tiempo para disimular, con su chimenea humeante, las intenciones reales de escape, que se facilitó con la primera salida del Saint Louis. Tan pronto pudo, el Purísima soltó amarras y enrumbó con destino a Cienfuegos. Enterado Sampson de la fuga, envió a ese puerto al crucero auxiliar Yanquee que se encontró con la cañonera española Diego Velázquez, situado allí en espera del Purísima, el 13 de Junio. Gutiérrez Cueto decide poner proa a Casilda, puerto de Trinidad, pero aún con la protección del Fernando el Católico y la cañonera Dependiente, no puede descargar, a su llegada el 20 de Junio. Al entablarse combate con barcos americanos, que dura hasta el día 22, el Purísima es remolcado hasta Masío, de donde esa misma noche se escurre entre los cruceros enemigos. Comienza la descarga en Tunas de Zaza el día 23 por la mañana, pero ya el 24 por la noche tiene que abandonar puerto y llega a Manzanillo el 25 de madrugada, tras un difícil viaje entre bancos de arena y coral. El viejo lobo de mar cumple su objetivo de bajar todo cuanto tiene a bordo para enviarlo desde Manzanillo hasta Santiago por tierra, con la columna del coronel Escario, que con grandes esfuerzos llega a destino, demasiado tarde.
Primera batalla naval.
El contralmirante Sampson confió la misión de atacar Manzanillo y destruir cuatro cañoneras que estarían ancladas en puerto, al teniente de navío Young. El 30 de Junio de 1898 los barcos auxiliares Hist, Hornet y Wompatuck salieron de Cabo Cruz rumbo a Manzanillo, que ya había recibido la noticia por heliógrafo. Entrando por el Canal Sur fue el Hist el que divisó una cañonera española protegida por las baterías de tierra y junto al Hornet se lanzó al ataque. Abrieron fuego a una distancia de 1500 yardas y el Hist impactó la popa de la cañonera, que al esconderse en un cayo fue destruida por otro proyectil de tres libras del Hist. Nunca cesó el fuego de los mosquetes sobre los invasores. Entonces Young ordena al escuadrón dirigirse al mismo Manzanillo, en cuyo puerto encuentran no sólo cuatro cañoneras, sino nueve buques armados apoyados por las baterías de costa. Las cañoneras contaban con ametralladoras y cañones de tres y seis libras. También tendrían que vérselas con una formidable fuerza de infantería situada en las colinas de Manzanillo y cuatro grandes pontones en los que se habían instalado cañones lisos de calibre seis pulgadas. El Hist fue impactado once veces: un disparo alcanzó la escotilla de la sala de máquinas y otro casi rompe el puente. Después de media hora de combate contra cañoneras, baterías de tierra e infantería, tuvieron que retirarse, temporalmente fuera de combate el Hornet, con una tubería de vapor rota que quemó a tres de sus marineros. El Wompatuck también fue seriamente dañado, con un impacto que atravesó el casco por encima de la línea de flotación. Otro de los disparos pasó a pocas pulgadas del teniente de navío Carl Jungen, Superintendente de la Compañía de Vapores del Pacífico Sur, que estaba en el puesto de mando.
Segunda batalla naval.
Al día siguiente al maltrecho pequeño escuadrón de Young se le unieron dos buques auxiliares enviados desde Santiago, el Scorpion y el Osceola, que pasaron por el canal Cuatro Reales, entre los dos cayos frente a la ciudad, para cuidar su salida norte.  Habían estado anclados en Cabo Cruz por la noche y habían salido rumbo noroeste para tratar de capturar dos cañoneras españolas en aquel importante puerto , en donde había además baterías de costa y otros muchos barcos mercantes, según reportes recibidos por Sampson en Santiago. El Scorpion era comandado por el teniente de navío Adolph Marix, que esperaba volver a encontrarse con los tres buques del día anterior, pero ya no estaban allí. El Osceola era comandado por el teniente Purcel. Ambos tuvieron que retirarse después de un intercambio de media hora. Todos los buques que participaron en ambos enfrentamientos eran pequeños auxiliares convertidos, con sólo batería secundaria, excepto el Scorpion que portaba cañones de repetición de cinco pulgadas.
Ambos ataques fallaron y el resultado fue que las fuerzas españolas levantaron su moral.
El 25 de Julio de 1898 el New York Times publicaba una carta del alférez Watt Tyler Cluverius a su madre, aparecida en el New Orleans Picayune. Estaba a bordo del Scorpion.
“A las 4:00 PM nos situamos entre dos cayos de enfrente a la ciudad y le echamos una ojeada. Los muelles estaban llenos de buques de vapor y de todo tipo y exactamente frente a la ciudad reposaba una gran cañonera blanca y otras dos a su derecha pintadas color de guerra. Un inmenso buque receptor a la izquierda, con los portones de proa abiertos.
“Cada hombre sobre cubierta, contemplando la tranquila ciudad de 10 mil habitantes con sus puertos atestados, ya se consideraba rico, pues nunca habían visto tal despliegue de trofeos de guerra.
“¡Arriba, Purcell, allá vamos!, gritaba el Capitán Marix, mientra accionaba los indicadores de las máquinas para máxima velocidad. Navegando en dirección este-sureste entramos a puerto, por delante el Osceola, hacia las cañoneras.
“¿Has escuchado en la tormenta cómo silba el viento por entre las amarras del velamen ?. Así sonaban los proyectiles españoles.
“Por toda la ribera se observaban los destellos, el humo, el tronar de los cañones. Cuatro baterías de costa y cuatro buques realizaban el fuego más certero que habíamos visto en muchos días. Sólo esperaban que estuviéramos a su alcance.
“Gritos y arengas se escuchaban de nuestra parte al impactar la torre de la cañonera blanca con el tercer disparo de un cinco-pulgadas. Un cañonazo de un 106 libras fue a dar a la línea de cañoneras y a los muelles, así como algún que otro cinco pulgadas contra la ciudad también. Alrededor el mar se erizaba de balas enemigas. Una de ellas inundó nuestro castillo de proa.
“Toda la orilla se llenó de humo y el nutrido fuego de mosquetes se hacía insoportable, las balas que al principio se quedaban cortas, corregían el tiro.
“Purcell, esto es mucho, retirémonos. Así gritaba el Capitán Marix.
“Ya fuera de alcance nos detuvimos. Nos habían sacado de su puerto, pero con todas las probabilidades en nuestra contra. Y aún así se tomaron una hora para hacerlo. Ni un hombre fue alcanzado. La Providencia seguramente protege a las armas americanas. El Scorpion fue alcanzado doce veces, fragmentos de bala se encontraron en proa y una de tres libras se había desviado hacia la galera y se había incrustado en un mamparo.  La aleta de estribor había sido dañada.
“Hemos estado en dos de los bombardeos a Santiago y ayudamos a despejar el camino a las tropas en Daiquirí, pero no habíamos visto nada igual en cuanto a precisión, rapidez y uniformidad de fuego que las fuerzas españolas nos brindaron en Manzanillo. Y les damos crédito por eso.”
Mientras esto sucedía en Manzanillo, los buques auxiliares Yanquee, Dixie, Yankton y el cañonero Helena bloqueaban a Cienfuegos y Casilda, sin reportarse nada de importancia
Todavía el 3 de Julio de 1898 los buques americanos rechazados estaban situados enfrente de la ciudad en actitud provocativa, pero las cañoneras españolas nunca salían de los límites del puerto.
El Purísima Concepción remolcó los cascos de la cañonera Cuba Española y del pontón María por orden del Ayudante de Marina de Manzanillo, para utilizarlos como baterías estacionarias, evitando que fueran hundidas en otro ataque americano.
Sampson no se encontraba en la bahía santiaguera el 3 de Julio de 1898, día de la batalla naval, pero fueron los marinos que él había entrenado, los barcos que él había construído y armado y los cañones cuya fundición él había dirigido los causantes de la debacle española. La flota completa de Cervera fue su ofrenda a la nación americana por el 4 de Julio.
Hasta mediados de Julio el tipo de embarcación utilizado en esta costa no era el adecuado en número ni en calado, no obstante el 11 de Julio el Hist y el Wompatuck se adentraron por el canal Cuatro Caminos y cortaron el cable entre Manzanillo y Santa Cruz del Sur.
Tercera batalla naval.
Finalmente el Almirante Sampson decidió un ataque combinado por los buques Wilmimgton, Helena, Scorpion, Osceola, Hist, Hornet y Wompatuck en la mañana de Julio 18. El Wilmington y el Helena eran cañoneras de calado en lastre y altos mástiles militares, diseñados para navegar en aguas de China. El Osceola y el Wompatuck eran remolcadores armados. El Scorpio, el Hist y el Hornet eran barcos de recreo adaptados.
Las dos cañoneras más grandes, aunque con tan formidable apariencia que los españoles las confundieron con acorazados, desplazaban sólo diez pies de agua y se adaptaban particularmente bien para navegar en puertos de aguas poco profundas.
El comandante C.C. Todd de el Wilmington, el oficial de mando con más tiempo de servicio había recibido órdenes de destruir los barcos enemigos pero evitar, de ser posible, cualquier confrontación con las baterías de la costa. Todavía se recordaba la suerte del Winslow, y la necedad de poner buques pequeños al alcance de la artillería pesada instalada en tierra se había quedado impresa en la mente de los oficiales de mando, especialmente cuando no habían fuerzas de desembarco disponibles.
El comandante Todd partió su flota en tres divisiones para tentar su avance en el puerto por tres diferentes vías por entre los cayos y evitar de ese modo el escape del enemigo. El Wilmington y el Helena tomaron el canal más al norte en la extrema izquierda. El Scorpion y el Osciola buscaron un canal directamente opuesto a la ciudad, mientras que el Hist, el Hornet y el Wompatuck tomaron un canal más al sur y a la extrema derecha de la línea de ataque.
Era una mañana soleada y clara, con una brisa suave del este soplando en la cara de los marinos, mientras los buques se dirigían a Manzanillo, a las 6:50 AM
El comandante W.P. Swinburne del Helena siguió el curso trazado por el Wilmington y a las 7 en punto, cuando lo tuvo a 4oo yardas a estribor, izó sus banderas.
Los cinco buques se alinearon ya dentro del borde de los cayos de norte a sur en el orden indicado y a las 7:04 una batería de la costa abrió fuego, sin alcanzar a ninguno. El comandante Swinburne había ordenado que los proyectiles trazadores que se guardan en el mástil militar fueran arrojados por la borda y fue acortando gradualmente la distancia que lo separaba de el Osceola y el Scorpion, que fue el primero en atacar a las baterías de tierra a las 7:18 Un poco más tarde el Wilmington comenzó la ofensiva contra la ciudad y a las 7:52 el Helena, que había distinguido algunos buques enemigos en el puerto, disparó con su batería de babor.

Algunas de las cañoneras españolas comenzaron a presentar batalla a la flota en ofensiva, pero la ecuanimidad y el deliberado fuego de los marinos yanquis las hizo retroceder y a las 8:07 a la entrada norte del puerto se vio ardiendo un buque de vapor.
Además de las tres baterías en la costa, un fortín en una loma detrás de la ciudad abrió fuego a las 8:20 pero ningún barco americano fue alcanzado, pues estaban a unos 3000 o 4000 yardas en avance oblicuo.
No fue fácil el avance, pues los buques más grandes apenas encontraban profundidad suficiente para flotación y tenían que ser guiados por los dos hombres en la plataforma de sondeo que lanzaban la plomada constantemente. Cuando las plataformas se acercaban dos brazas era necesario tentar aguas más profundas. Como navegaban a unas 3000 yardas, los disparos del enemigo comenzaban a caer cerca de el Helena, muchos de ellos pasando por sobre el puente y un fragmento estallaba sobre el castillo de proa. Las balas al impacto se proyectaban alrededor y así perforaron el pantalón del navegante, pero nadie prestó atención, pues nadie fue herido. Los hombres de la plataforma de sondeo continuaban declamando la profundidad según sus plomadas y aunque alguno podía esquivar una bala, aun así no abandonaba su trabajo por un instante.
Marinos y oficiales lucharon en el estilo metódico que había caracterizado a la marina a lo largo de la guerra.
Un poco al sur de la ciudad estaba el pontón María, un armatoste utilizado como barco de recepción y entrega. Este tenía algunos cañones de 6 pulgadas que seguramente iban a ser muy hostiles. El comandante Todd sabía que debían ser destruídos, pero no quería gastar municiones; así que hizo señales al Helena: “Fuego a las cañoneras, fuego al pontón.” No solo éste ardía en llamas a las 9:20 AM sino también algunas cañoneras y transportadores.
A las 9:56 se le ordenó al Helena fijar su atención en las cañoneras a la derecha de los buques ya impactados y se acercó un poco más a la costa, disparando su batería de estribor a unas 2100 yardas de distancia. Una a una las cañoneras hostiles fueron quedando en llamas, dos de ellas explotando como fuegos artificiales y el resto a la deriva. Pero ya en ese momento el Helena y otros buques se encontraban al alcance de las baterías de la costa y de un fortín en una loma encima del Punto Guá. La forma en que se hundían en el mar los proyectiles que caían cerca, indicaban que los españoles estaban usando baterías de mortero o cañón de lámina lisa de largo alcance.
Al ver que todos los barcos enemigos habían sido hundidos o destruidos, a las 10:22el Wilmington dio la señal general de cese al fuego y la flota americana retrocedió a la bahía. El Helena continuó disparando por unos minutos para cubrir su retirada y la del Wompatuck que estaba a babor y se salpicaba con el agua que levantaban los proyectiles disparados desde la costa. A las 10:35 el fuego había cesado.
En esta acción el Helena, que había podido hacer su parte generosa del trabajo, disparó 203 proyectiles corrientes de sus cañones de 4 pulgadas; así como de sus ametralladoras Colt, 129 de 6 libras; 84 de 1 libra y 430 de 6 milímetros.
Ningún barco americano había sido dañado materialmente ni un solo hombre se había perdido por la parte americana bajo el fuego de al menos 4 baterías en la costa y dos fortines y la flota recogió fácilmente los botes y otros medios móviles que habían sido dejados durante la acción en un centro de mando cubano en la costa.
Los españoles perdieron unos 200 hombres, 6 cañoneras, 3 transportadoras y un pontón. Incendiados y hundidos quedaron el pontón María y la cañonera el Centinela. Inútiles y medio hundidos el Delgado Parejo y el Guardián. Prácticamente destruidos el Cuba Española, Guantánamo y Estrella. Los transportadores destruidos fueron el Gloria, el José García, así como el Purísima Concepción, los tres graciosos correos de preciosa estampa, cubiertas corridas y largas estructuras. El Purísima Concepción, que había sido perseguido hasta el puerto por la flota del bloqueo, pagaba así su insolencia.
Dicen los americanos que se tuvo gran cuidado en hacer el menor daño posible a la ciudad misma, y según se sabe, poco o ningún daño se le hizo. Los barcos de la flota americana regresaron a sus estaciones, excepto el Wompatuck, que fue enviado a Guantánamo para reportar ante el Almirante los resultados de la batalla.
El capitán Don Fernando Gutiérrez Cueto llegaba el 28 de Octubre de 1898 a la Coruña, a bordo del trasatlántico Catalina, como simple pasajero. Nadie le pagó el dinero que sacó de su bolsillo para los salarios debidos a su tripulación durante esta última etapa de labores corsarias de avituallamiento a las tropas españolas. Otro 18 de julio, en el año 1939, moría Don Fernando, víctima de septicemia, de un colapso cardíaco, a los 88 años de edad, en Cabezón de la Sal.
Fin de las hostilidades en la guerra hispano-americana.
Después de la rendición de Santiago la flota americana se ancló en Guantánamo donde los barcos se abastecieron de carbón, se les hicieron reparaciones menores y los marinos descansaron adecuadamente.
El alto mando americano deseaba hacer una base de operaciones en Isla de Pinos para interceptar a los barcos españoles que abastecían a La Habana desde la costa sur, para lo que organizó una escuadra compuesta por el Newark, Resolute, Suwanee, Hist, Osceola, y Alvarado.
El Newark (Capitán C. F. Goodrich) junto con el Resolute (Comandante Eaton) salieron de Guantánamo el dia 8 de Agosto de 1898 a las 4:00 PM rumbo a Cabo Cruz, que era el punto de encuentro de la escuadra. Se detuvieron frente a Santiago para comunicarse con el St. Louis. Los detalles de la expedición sólo los conocía Goodrich, aunque de modo general se podía intuir que un golpe demoledor a España acercaría el proceso de paz.
Manzanillo se rendiría, con toda su fuerza naval y los cuatro mil quinientos hombres encargados de su defensa, ante la presencia de una fuerza americana suficientemente grande. Al menos esa era la  información de fuentes confiables al más alto oficial del Hist, el teniente Young y de éste al capitán del Newark C. F. Goodrich. La escuadra completa se había reunido en las costas de Cabo Cruz, por orden del comandante en jefe, con el que ya era imposible consultar. Ante aquél se planteaba una clara disyuntiva: un golpe decisivo a Manzanillo sería de gran efecto moral; por otra parte, exponer un barco del tamaño del Newark al alcance de tiro de la defensa de la ciudad era un riesgo que podía convertirse en desastre.  Era el 9 de Agosto de 1898 y a las 2 PM el Suwanee (Capitán de corbeta Delahanty) y el Hist (teniente de navío Young) reportaron al Newark. El estado general del personal era excelente, la experiencia del bloqueo había beneficiado a los bisoños marineros.
Al amanecer del 10 de Agosto de 1898 se unieron el Osceola (teniente de navío Purcell) y el Alvarado (teniente de navío Victor Blue), capturado en Santiago, construido en Inglaterra para que España interceptara las expediciones mambisas desde los Estados Unidos, ahora con tripulación americana y pintado de color de guerra.
Poco tiempo después se puso rumbo a Manzanillo por el Canal Cuatro Reales. Entre los numerosos cayos de diferentes tamaños hay como un mar interior, llamado de Buena Esperanza, cruzado por numerosos canales de diversas profundidades. El de Balandras que hace la ruta más corta y directa, tenía solamente 18 pies de hondo y como el Newark requería una profundidad específica de 22 pies y 3 pulgadas, era necesario hacer la ruta noroeste por el canal de cuatro Reales. La única carta de navegación disponible de la región era una de la parte occidental de Cuba y siendo de escala pequeña, el puerto objetivo y sus alrededores ocupaba sólo una porción reducida de la hoja. Por experiencia las cartas de navegación españolas no eran muy confiables. Una pequeña carta de fuentes españolas daba 5.5 brazas como la menor profundidad del canal que se pensaba tomar. Sin embargo, la información proveniente de instrucciones de navegación emitidas por la Oficina Hidrográfica de Estados Unidos respecto a que el canal de Cuatro Reales estaba cerrado, daba lugar a dudas. El piloto cubano del Hist insistía en que estaban garantizadas las 5 y media brazas a lo largo del canal, por lo que la escuadra se dirigió a su entrada.
A los que no conocen el lugar todos los cayos les parecen iguales y como la carta omitía algunos existentes mientras mostraba otros inexistentes, pueden imaginarse las dificultades para encontrar el rumbo por referencia geográfica. Además, las grandes diferencias de valores de las sondas obtenidas comparadas con las de la carta, aumentaban las dudas sobre esta última.
Se puso al frente al Hist con su piloto, siguiéndole el Suwanee, el Osceola, el Resolute y el Newark, manteniéndose cerca del último el Alvarado.  Los buques delanteros debían desplegar la señal de peligro en caso de caer la sonda a 5 brazas. Entraron al canal con el sol al oeste, encontrando una boya plantada por el Wilmington en una visita previa, la única señal de aguas poco profundas. Las variaciones verdosas en el agua vistas desde la plataforma no indicaban zonas bajas pero un toque marrón con el sol en meridiano sí era seguramente indicio de zona de peligro. El Newark seguía adelante a baja velocidad, levantando la señal de peligro según la necesidad, guiado por el mejor timonel del barco, hasta pasar sin dificultad el canal. Se había superado el primer peligro, la escuadra estaba anclada dentro del arrecife, cerca de un cayo que no aparecía en el mapa en este bello mar interior. Eran las 7:00 PM del 10 de Agosto de 1898.
En el equipo de señales no había banderas blancas, tal parecía que nadie había considerado la eventualidad de necesidad de alto al fuego, por lo que intendentes y grumetes se dedicaron a confeccionarlas.
Antes del amanecer, a las 4:15 AM los buques se deslizaban suavemente hasta alcanzar los cayos de Manzanillo. Se lanzaban por la borda barriles del encurtido y se anclaban para marcar puntos de giro muy cerrados como ayuda en el regreso. Cerca de las 10:00 AM se lanzaron las anclas a sólo tres millas de Manzanillo y se envió el Hist a Calicito, a 6 millas del lugar, para coordinar con los mambises y solicitar cooperación en la eventualidad de un bombardeo.
Era difícil descubrir las defensas de la ciudad desde los barcos; se veía una línea de fortificaciones, se destacaban las aspilleras de los fortines y los restos de cañoneras y buques transportadores destruidos en ataques anteriores, pero se desconocía la posición de los cañones. Un mapa que había elaborado el teniente de navío Young del Hist, mostraba la ubicación de los cañones y su posición con cierta precisión. La ciudad se extendía por la costa y las casas estaban situadas en una suave pendiente desde el mar. Algunos cayos dividían la entrada en canales al norte y al sur, demasiado poco profundos para el Newark. Para un bombardeo debían avanzar juntos y en una sola dirección, dadas las dificultades en las maniobras de viraje por la falta de espacio.
Antes de anclar, el Newark izó la bandera de alto al fuego y el Alvarado, con bandera blanca, se dirigió a Manzanillo con esta comunicación:
“U.S. Newark
Manzanillo, Cuba
Agosto 8 de 1898.
A Su Excelencia El Jefe Militar de Manzanillo.
Señor:
Tengo el honor de ofrecerle mis respetos y demandar en nombre de Los Estados Unidos, lo siguiente:
  1. La rendición incondicional de Manzanillo y sus dependencias con todas sus fuerzas españolas, militares y navales, regulares y voluntarias, guardias civiles y bomberos, así como todos los buques de todas las denominaciones a flote en este momento en el puerto, que me debe ser entregado intacto y sin daños. También todas las armas, municiones y accesorios en las fortificaciones; todo el armamento de campo con sus medios de transporte, munición y accesorios, todo en buenas condiciones.
  2. La entrega de armas de los departamentos de bomberos y policía, aunque seguirán realizando sus tareas anteriores.
  3. Las autoridades municipales retendrán el ejercicio de sus responsabilidades a disposición de los Estados Unidos.
  4. Se restablecerán todos los faros, luces, boyas y otros medios de ayuda de navegación y las autoridades, tanto civiles como militares deben cooperar al máximo en el remplazo y rehabilitación de las boyas que hayan desaparecido. El faro de Cabo Cruz debe ser iluminado inmediatamente y mantenido así. Los gastos serán cubiertos por Los Estados Unidos.
  5. La propiedad pública de cualquier categoría perteneciente a su majestad el Rey de España será entregada a la custodia de los Estados Unidos. Usted debe situar a miembros de las unidades navales especiales y custodios en propiedades que sean susceptibles a pillaje o destrucción.
  6. Usted mantendrá todas las líneas telegráficas instrumentos, y oficinas intactos y me los entregará en perfecto estado.
  7. Se espera que las autoridades religiosas utilicen activa y diligentemente su influencia para preservar el orden y la calma ya que no serán molestadas en el ejercicio de sus santos oficios.
  8. Si estas condiciones son aceptadas y llevadas a cabo con honestidad se le brindará el mismo tratamiento a las tropas que usted deponga que a las tropas de Santiago.
  9. Estas condiciones deben ser aceptadas inmediatamente. Si usted las rechaza, entonces le pido a Su Excelencia notificar inmediatamente a mujeres, niños y otros no combatientes presentes de mis intenciones de bombardear y asaltar a Manzanillo dentro de tres horas desde el momento del recibo de esta comunicación. La grave responsabilidad de provocar un baño de sangre innecesario ha de recaer sobre Su Excelencia, a quien pido acepte la garantía de mis distinguidas consideraciones.
Su Seguro Servidor;
C. F. Goodrich
Capitán de la Marina de los
Estados Unidos.
Comandante de las fuerzas militares y
Navales presentes de
Los Estados Unidos.
Victor Blue
Teniente de navío de la
Marina de los Estados Unidos.
Aunque ya Manzanillo había sufrido ataques americanos anteriormente y sus habitantes habían vivido en condiciones de guerra, todavía no habían experimentado un ataque con balas de 6 pulgadas y la pólvora sin humo. Era una ironía de la vida que este ultimátum les llegara a bordo de la cañonera cautiva Alvarado. El teniente de navío Blue informó que había sido recibido con gran cortesía y guardia de honor y que los oficiales españoles se interesaban por saber si el Alvarado había venido desde Guantánamo por sus propios medios o había sido remolcado por el Newark. Un viaje tan largo para un buque tan pequeño era para ellos una osadía.
El Hist regresó de su entrevista con los mambises cubanos en Calicito con la noticia del arribo de refuerzos a Manzanillo.
A la 1:10 PM se deslizaba el Alvarado por un costado del Newark, donde había gran expectación. ¿Habría guerra o paz? ¿Se rendirían los españoles o pelearían? Por el rostro  impasible de Blue, según subía a bordo y se dirigía con Goodrich a su cabina, nada se denotaba.
Todas las dudas desaparecieron a la orden de despejar los buques para el combate e izar las banderas correspondientes. Los españoles iban a pelear, considerando muy corto el tiempo asignado y en palabras del comandante español, la rendición no les era permitida por su código militar a menos que estuvieran sitiados por mar y tierra.
La transmisión de orden de combate a los barcos fue bien recibida por la tripulación y los trabajos preparatorios se hicieron con diligencia; todos los botes de salvamento fueron bajados y situados fuera del alcance del fuego enemigo. Parecía que los hombres disfrutaban la perspectiva de una nueva batalla y la posibilidad de matar o ser muertos.
A las 3:20 PM el Newark dio la señal de avance y de cubrir sus puestos oficiales y tripulación: en la plataforma principal el oficial ejecutivo y encima el oficial subalterno para observar la caída de los proyectiles; el capitán, el oficial de navegación y el piloto cubano en el puente de mando superior, el intendente principal y los grumetes en el puente de mando inferior.
Antes de salir de la bahía de Guantánamo el Newark había recibido de la propia ciudad americana,  enviado por niños de escuela primaria, una caja con gallardetes, banderines y dos pabellones grandes, uno de ellos de seda, que fue colocado en el mástil delantero.
A las 3:35 PM, tres horas después de que el comandante militar de Manzanillo recibiera la demanda de rendición, la bandera blanca fue arriada y las de guerra fueron desplegadas. A las 3:40 se dio la señal de abrir fuego y a las 3:41 el teniente de navío J. H. Gibbon disparó el cañón delantero de 6 pulgadas desde el Newark, calculando un alcance de 5000 yardas y así comenzó la batalla.
Antes del primer disparo todo había estado tranquilo, aunque negros nubarrones se posicionaban en un ángulo al norte de la ciudad, pero tras el rugido de los cañones rompió un concierto infernal de rayos y truenos y un aguacero diluvial sobre Manzanillo. La jefatura americana había sido instruida en los objetivos adecuados para atacar y evitar, en lo posible, zonas indefensas. Evidentemente la ciudad estaba fortificada y había tenido tiempo suficiente para evacuar a civiles. La autoridad superior no estaba dispuesta a suspender su plan de bombardeo a Manzanillo por consideración alguna de daño a la propiedad privada.
El primer disparo fue bueno y después de un tiempo para observar sus efectos, los cañones de estribor comenzaron a disparar. El sistema eléctrico auxiliar de disparo funcionaba satisfactoriamente, las grúas eléctricas suministraban las municiones sin interrumpción aun a baja velocidad, la pólvora sin humo permitía a los capitanes ajustar el tiro, que era excelente a juzgar por las nubes de polvo que levantaba en las trincheras y los fortines de la colina. Era preferible avanzar todo lo posible en la misma dirección para poder utilizar la batería de estribor, pero la estrechez del canal impedía cualquier cambio de curso y el reporte de una profundidad de 5 brazas de la sonda hizo que el piloto cubano se encogiera de hombros e insinuara que el barco no podría seguir acercándose. Luego caminó hasta el final del puente de mando y balbuceó que se lavaba las manos, al saber que con cuatro brazas solo quedarían algunas pulgadas debajo de la quilla. Muy lentamente siguió avanzando el Newark, deteniéndose cuando la sonda daba 4 brazas y media. La hélice no tenía efecto completo por lo escaso del agua; aunque la marcha de las máquinas se había revertido el barco se deslizaba hacia adelante. Entonces se soltó el ancla de estribor que detuvo el movimiento a la vez que evitaba el contacto con el cuerpo del buque. Se levantó el ancla y el Newark regresó a las 5 brazas, prosiguió hasta las 4 brazas y media y ancló nuevamente, procedimiento por el cual el ajuste de tiro y su secuencia tuvo poca variación.
Cinco minutos después del primer disparo los otros barcos pasaron por el canal intermedio a una milla del Newark. El Osceola comenzó el fuego.  El Alvarado, situado a la salida de la plataforma del oficial superior, a babor, comenzó la pelea. Los españoles no respondían, aunque la lluvia de proyectiles era implacable.
A las 4:17 PM en el puente del Newark pensaron ver una bandera blanca en  la costa y se dio el alto al fuego y se envió al Alvarado con bandera blanca también a recibir la rendición. Las demás cañoneras dejaron de disparar. El Alvarado se acercó a unas 500 yardas de la costa, siempre bajo observación de los marineros de las cañoneras, cuando se vio un destello de una de las baterías de costa y seguidamente todo el litoral se iluminó con las descargas. Las cañoneras también rompieron el alto al fuego como si hubieran estado esperando el momento adecuado y se cubrieron con una nube de humo. Los hombres del Newark corrieron a las armas sin esperar la orden. Por mala fortuna, las pequeñas cañoneras se encontraban tan cerca en la misma línea de fuego que era imposible para el Newark disparar a las batería de costa por encima de ellas, pero no por mucho tiempo, porque se apartaron hacia la derecha suficientemente para que el Newark continuara la batalla y se retiraban con cautela mientras disparaban, pasando por debajo de la popa del Newark. El fuego español era desordenado. Al recibir el reporte de los capitanes de las cañoneras parecía un milagro que ninguna hubiera sido impactada. La bandera del Suwanee fue atravesada por un disparo y aunque el buque fue varado,no mostraba daño alguno.
El teniente de navío Blue reportó que la habían disparado a su bandera blanca, que él arrió y respondió con fuego, pero como la munición era española, sólo una tercera parte de ella fue efectiva. Por eso armó a su tripulación con Mausers. Más tarde se determinó que los españoles, al ver al Suwanee, el Osceola y el Hist acercarse sin bandera blanca, hicieron lo correcto al disparar.
También se supo después que no se había levantado bandera blanca en esta ocasión.
Las cañoneras anclaron y hasta oscurecer el Newark hizo algunos disparos aislados que fueron respondidos desde las baterías costeras del sur enfáticamente. Antes de oscurecer se tomaron las coordenadas de fuego y se dio la orden de disparar un cañonazo cada media hora del sudeste al este-sudeste, con la intención de reanudar las acciones al amanecer y desembarcar los marines. A las 5:00 AM se vio una línea de humo desde el noroeste que indicaba que los aliados cubanos, los mambises, iniciaban el ataque que los españoles rechazaban con cañones de campaña, pues los mambises se retiraron o hicieron alto al fuego a las 5:30 AM.
Poco descanso hubo en el Newark en las últimas 48 horas y poco pudo dormir la tripulación con el estrépito del cañón a intervalos irregulares, aunque peor debió haber sido para los que en la oscuridad de la noche, lo esperaban. Durante la noche de guardia, a eso de las 2:30 AM se vio un bote con numerosos faroles y para no correr riesgos se le abrió fuego con los cañones de 6 libras hasta que desapareció.
Al alba se veían banderas blancas por doquier. Un despacho de las autoridades españolas anunciando la firma del armisticio llegaba en un bote con bandera blanca y dos extraños oficiales de mirada triste.
Aunque no había información confiable respecto a los daños provocados por el bombardeo, se supo que el último proyectil había explotado en una porción de los cuarteles, hiriendo a algunos soldados y matando a seis. El comandante en jefe ordenó por el telégrafo que el escuadrón regresara a Guantánamo.
Unos meses después de la batalla, el Hist volvió a Manzanillo, esta vez en son de paz. Contó entonces el jefe militar que al anochecer del 12 de Agosto de 1898 se había reunido el Consejo de guerra con altos oficiales españoles de Manzanillo y habían decidido rendirse incondicionalmente al Capitán Goodrich. Se escribió la comunicación oficial y se firmó, esperando ser entregada cuando la luz del dia hiciera visible la bandera blanca. Antes del amanecer llegó el telegrama anunciando el cese de hostilidades.

Después de algún tiempo fue reflotado y reconstruído el Purísima Concepción. Estuvo  brindando sus servicios de transporte del sur de Cuba hasta el ciclón del26 en La Habana cuando, sueltas las amarras, el buque Antonio López lo arrastró y lo destrozó contra la escollera.

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